Miércoles 2 de Septiembre de 2026
EMPLEO | JUVENTUD Y DESIGUALDAD

Casi 7 de cada 10 jóvenes están inactivos, desocupados o tienen empleos informales

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA revela que apenas el 14,2% de los jóvenes de entre 18 y 25 años accede a un empleo formal. La situación se agrava entre quienes pertenecen a los sectores socioeconómicos más bajos, donde también aumenta la desvinculación educativa.

Sin título

Un mercado laboral que deja a los jóvenes en situación de vulnerabilidad

La inserción laboral de los jóvenes argentinos continúa marcada por la precariedad, el desempleo y profundas desigualdades sociales. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierte que casi siete de cada diez personas de entre 18 y 25 años se encuentran inactivas, desocupadas o vinculadas a empleos irregulares.

El dato que más preocupa es que apenas el 14,2% de los jóvenes accede a un empleo formal, mientras que el resto enfrenta diferentes niveles de inestabilidad laboral o permanece fuera del mercado de trabajo.

Según el relevamiento, el 30,2% de los jóvenes tiene un empleo regular. Sin embargo, dentro de ese grupo, el 16% se encuentra en condiciones precarias y solamente el 14,2% cuenta con un puesto formal.

A esto se suma un 22,5% que atraviesa situaciones de empleo irregular o desempleo reciente, mientras que el 10,7% lleva más de seis meses sin conseguir trabajo. La inactividad, por su parte, alcanza al 36,6%.

La desigualdad económica profundiza las diferencias

El acceso a un empleo de calidad no se distribuye de manera uniforme entre los jóvenes y está fuertemente condicionado por el nivel socioeconómico de sus hogares.

Entre quienes pertenecen al estrato medio alto, el empleo regular alcanza al 38,9%, mientras que la proporción cae al 19,7% entre los jóvenes del estrato socioeconómico muy bajo.

La brecha se profundiza al observar las situaciones de mayor vulnerabilidad. El empleo irregular o el desempleo reciente representan apenas el 11,6% en el estrato medio alto, pero ascienden al 30,6% entre los jóvenes de los sectores más bajos.

Algo similar ocurre con el desempleo prolongado: pasa del 5,2% en el sector medio alto al 14,9% en el estrato muy bajo.

Los datos muestran así que el origen social no solamente condiciona las posibilidades de conseguir un trabajo, sino también el tipo de empleo al que pueden acceder los jóvenes y la posibilidad de sostener una trayectoria educativa.

Estudiar y trabajar también es una posibilidad desigual

La situación laboral está estrechamente vinculada con la continuidad de los estudios.

En términos generales, el 26,6% de los jóvenes se dedica exclusivamente a estudiar, mientras que el 39,7% trabaja sin estudiar. Apenas el 13% logra combinar trabajo y formación educativa.

Pero nuevamente aparecen fuertes diferencias según el nivel socioeconómico.

La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar alcanza al 41,2% de los jóvenes del estrato medio alto, mientras que cae al 15,6% entre quienes pertenecen al sector socioeconómico muy bajo.

En el extremo contrario, el trabajo irregular sin estudiar pasa del 4,9% entre los jóvenes de sectores medios altos al 26,8% entre los más vulnerables.

Otro de los datos centrales del informe es que el 20,7% de los jóvenes no estudia ni trabaja. La proporción trepa al 34,2% en el estrato socioeconómico muy bajo, frente al 8,3% registrado entre los sectores medios altos.

Desde el ODSA señalaron que, a medida que disminuyen los recursos económicos del hogar, pierde peso la educación y aumentan tanto la inserción laboral irregular como la desvinculación de los jóvenes.

La situación laboral de los adultos también influye

El informe incorpora además el concepto de "herencia social", utilizado para analizar cuánto influye la situación laboral de los adultos del hogar en las trayectorias educativas y laborales de los jóvenes.

Los datos muestran que, especialmente en los sectores de menores ingresos, cuando el principal sostén económico del hogar tiene un empleo pleno aumentan las posibilidades de que los jóvenes continúen estudiando.

En cambio, cuando predominan el subempleo, la precariedad o el desempleo, se incrementa la probabilidad de que los jóvenes queden desvinculados tanto del sistema educativo como del mercado laboral.

La brecha puede observarse con claridad entre los jóvenes que no son jefes de hogar. Cuando el principal sostén familiar pasa de tener un empleo pleno a una situación de subempleo inestable o desempleo, la proporción de jóvenes que estudia exclusivamente cae del 39,8% al 17,6%.

Al mismo tiempo, quienes no estudian ni trabajan aumentan del 13,3% al 30,5%.

El propio ODSA advierte, sin embargo, que incluso contar con un empleo protegido dentro del hogar no alcanza necesariamente para eliminar las desventajas asociadas a pertenecer a un sector socioeconómico bajo.

Los jóvenes también llegan antes al límite de sus ingresos

La precariedad laboral tiene además un impacto directo sobre la capacidad de los jóvenes para sostener sus gastos durante el mes.

Un relevamiento de la consultora Zentrix señala que el 85,5% de las personas de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible.

La situación contrasta con lo que ocurre entre quienes tienen entre 40 y 59 años, donde el porcentaje se ubica en el 60,6%.

La consultora sintetizó el fenómeno con una frase que resume la problemática: "La juventud no solo gana menos: se queda sin colchón mucho más temprano en el mes".

Los datos muestran así un escenario en el que la edad, el origen socioeconómico y la situación laboral del hogar se combinan para definir las oportunidades de los jóvenes. Mientras una minoría logra acceder a empleos formales y sostener sus estudios, una proporción mucho mayor enfrenta trabajos precarios, desempleo o directamente queda fuera tanto del sistema educativo como del mercado laboral.

Temas en esta nota

Notas relacionadas
Te puede interesar